Cómo están los electrodomésticos. Primero fue tu lavavajillas el que quiso mandarte nada menos que una carta y ahora es la nevera la que se ha puesto en plan Miguel Strogoff. ¿Será por envidia? ¿Será algún tipo de enfermedad vírica que pronto afectará a la tostadora o a la licuadora? ¿Qué querrá decirte ese sufrido electrodoméstico que enfría y congela día y noche para ti? Lo mejor es que leas y lo compruebes.




“Qué hay,

Iba a empezar con algo más formal tipo “estimado” o “querido”, pero con los años que llevo en tu cocina me ha parecido raro. Disculpa si parezco poco serio. La verdad es que me siento algo ridículo haciendo esto. De hecho, le puse muchas pegas al lavavajillas cuando se empeñó en recordarte cómo funciona y cómo sacarle el mejor provecho con una carta, nada menos. Y sin embargo, aquí me tienes, haciendo lo mismo.

En realidad, lo que quiero decirte es muy sencillo. Más que decirlo me gustaría preguntarlo. Porque por más vueltas que le doy no encuentro respuesta.

¿Te parece que soy un armario?

Vale, tengo -admitámoslo- cierto parecido con un armario, pero tú también tienes cierto parentesco con ellos y no te digo nada. Soy muy superior a un armario. ¿Qué pasa con el agua si la dejas en una botella en un armario en pleno agosto? Que no podrás tomar un trago, eso es lo que pasa. Yo puedo mantenerla fría durante meses. ¡Años! Puedo solidificarla, por el amor de dios. Y, sin embargo, aquí estoy, siendo tratado como un vulgar escobero en el que lo mismo se mete un balde para fregar que unos trapos viejos.

¿Sabes que no todos los alimentos tienen que pasar directamente de la bolsa del supermercado a mis estanterías, verdad? ¿Repasamos de nuevo el listado de los que deberían ir al trastero, a los armarios o a donde sea que quieras ponerlos para que estén en su punto cuando te los comas y a mí no me den trabajo extra? ¡Luego te quejarás de los consumos de luz! Pero cómo van a bajar si usas mal tus electrodomésticos y me sobreexplotas!

A ver, presta atención porque vamos a repasar juntos todo lo que se conserva perfectamente en un lugar fresco y seco COMO UN ARMARIO. Tomates, pan, aguacates, cebollas, ajos, patatas, quesos secos, frutos tropicales, albahaca, miel, aceite, chocolate, café y, por supuesto porque ya no sé ni las cosas que he visto, harinas, cereales y azúcar. Hazme caso, con el frío el café y el chocolate pierden aroma, la miel se cristaliza y pierde propiedades, los aguacates se ponen negros y duros, las cebollas se ponen mohosas… ¿tengo que seguir?

Esperemos que no. Y que me creas. Al fin y al cabo, no me gusta alardear pero, ¿hay alguien en tu cocina que trabaje más que yo? Ya te contesto yo: no lo hay. La lavadora pone unas cuantas coladas a la semana y parece que el sol se pone con ella. El lavavajillas no hace más que recoger alabanzas, que si cómo te soluciona la vida, que si qué poco gasta. ¡Y apenas trabaja una vez al día! Yo trabajo día y noche, noche y día, sin descanso, sin un minuto de stand by o esas porquerías modernas.

A cambio, no pido que se me limpie cada día como a la inducción a la que no dejas de mirar como si fuera el primer electrodoméstico inventado. Pero un poco de respeto a las canas. Mis antepasados estaban trabajando en la cocina de tu abuela cuando el microondas ni siquiera había nacido. Merezco que me creas cuando te digo que me duele ver cómo añades tomate frío a la ensalada o dejas que la albahaca se ponga mustia en mis estantes.

Úsame bien. Disfruta de lo que comes. Ahorra.

Y, de vez en cuando, recuerda que también a mí me gusta estar como los chorros del oro.

Atentamente,

Tu frigorífico”


Más info:http://blog.fagor.com/cocina/consejos/carta-abierta-de-tu-frigorifico/

Publicado: 26 de Septiembre de 2016